domingo, 26 de septiembre de 2010

Deadman, bleachman

Me esperaba bajo las escaleras
impaciente, como en las largas esperas.
Nos miramos cara a cara
y esperé a que el hablara.
Me preguntó si sabía
el precio de una felicidad duradera.

Su cara se distorsionaba,
era tan blanca que los niños se asustaban
pero no me impresionaba
porque tenía un cuchillo en la espalda.

Sabía muchas cosas
pero ahora solo a las hormigas se lo contaba
sus ojos reflejaban las nubes
y se quedó allí donde estaba.

Eras un hombre que vivía
Oh! un hombre de lejía
puedes hablar ahora cómodamente
pues a tu alrededor todo es cortesía
en los entierros nadie te odia
disfruta de la hipocresía.

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