sus escombros amargos suspiros inspiraba,
la estrella de David ardía en su frente
y la mujer a la que le habían destrozado el vientre
ríos rojos y azules derramaba.
Cuando la tierra gritaba
podía arrancarte los brazos o las piernas,
aquellos días rojos
y sus noches eternas.
Apoyado junto a su hogar de ladrillos polvorientos
el niño vio un hombre en el cielo,
en sus ojos no había recelo
y su sonrisa eran las estrellas.
Le tendió la mano al niño
le llevaría lejos de aquel lugar
donde solo las supernovas pueden estallar
y en campos de nebulosa
puedes sentarte a descansar.
Oh! Hombre del cielo
en tus sueños quiero despertar
sé que solo eres una alucinación
¿Pero está acaso prohibido imaginar?
Entre cristales rotos al día siguiente,
entre familias rotas, palabras amargas
encontraron los soldados un niño muerto
con una sonrisa en la cara.
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