martes, 22 de junio de 2010

tumba del océano

En cada boca hay un silencio en cada palabra un mensaje que te dice lo que pienso
Todavía sigo juntando las piezas de mi corazón que poco a poco se las llevo el viento
Me siento inseguro por eso escribo frases sueltas para que se reconcilien cuando las junto
El silencio me lo tomo como un capricho
intento concentrarme no lo tengo y cuando lo tengo no lo necesito
el cadáver de mi odio flota en el mar de los sentimientos
la constancia se queda rezagada en la orilla del pensamiento
nunca digas nunca y a caso es para siempre un te quiero’

se que no me basto a mi mismo para algunas cosas,
porque me reconozco carente y necesitado ,
pero a cargo de esas carencias y esas necesidades siempre estoy yo

las ideas nos separan los sueños y la angustia nos une
si el amor es una enfermad dime quien es inmune
es que todo en esta vida poca dura
el árbol escrito con poemas de amor es de hoja caduca
dicen que el tiempo borra los malos recuerdos
mentira solo quedan a la espera para poder ser descubiertos
y cuando pasa piensas al momento que no te queda mas remedio que reírte de ellos
la puta mas barata resulta ser la soledad que esta con quien le haga falta y sin pagar nada
la felicidad es la tranquilidad de quien sabe con certeza que esta en el camino correcto

cuando percibo tu aceptación total,
entonces y solo entonces puedo mostrarte
mi yo mas humano, mi yo mas creativo, mi yo mas vulnerable

la facilidad que tengo para expresar lo que siento
es el motivo para los que no puedan me critiquen
el hecho de que yo sepa que podría mentirte
es lo que hace valioso que te sea sincero
tira un rencor al aire y pide un deseo
el mío es dejar de tenerlos
ya que en el momento en que vives satisfecho tener mas pasa a ser lo de menos
pero con lo que tengo me conformo
una barriga llena una carrera incompleta y un corazón roto
perdonar si hablo mucho de mi mismo
es que ando en la delgada línea entre la autoestima y el egocentrismo
se pasa del drama al monologo
y suele no distinguirse un extremo del otro
solo entiendo que toda historia tiene un final
que si yo no hablo de mi entonces quien lo hará
cuento lo que veo y describo lo que no
en un portátil escribo disimulando que toco el piano

las palabras salen igual que las penas entran
aunque te sientas mas seguro agarrado a una botella
a veces esta bien pillar una borrachera
pero el alcohol no cambia tu vida
solo la forma de verla
quizá un sueño roto sea lo mas parecido a comprender
no te gusta lo que ves para eso se tienen otros
y es que los sueños son el motor del cuerpo
pero parece que este ultimo solo funciona por dinero
la búsqueda de lo que sueñas no es solo
un derecho de algunos sino una obligación de todos
cada uno se marca sus objetivos
pero lo importante no es llegar es estar de camino

intento cada día ser un poco mejor
ayudar a los demás para que los demás me ayuden
competir cuando haga falta
y todo esto mientras el ritmo transcurre

lo mío con el rap no fue amor a primera vista
mas bien amor a primera línea
y si viene la inspiración monto un trío
que no tiene mas placer que un folio deje de estar vacio
en mi océano personal soy como un naufrago
estoy a la deriva hasta que me agarro a un nuevo párrafo
no tengo la típica respuesta de decir que el rap me llena
pero a mi me llena el alma y a otros la cartera
es igual todo lo que uno quiere esta ahí fuera
pero lo mas complicado resulta abrir una puerta
la que me lleva lejos de mi habitación
hasta criticas éxitos y al corazón de
quien escuche y distinga mensaje de música
y a todo el que le seduce estas dos juntas
no doy a conocer mi talento
por que yo no regalo lo que me sobra
comparto lo que tengo
emociones ideas y rivalidad
y que en cada canción tengas algo que pensar

lo que mas miedo da un océano
es que no sabes lo que hay debajo
por eso se rompe el silencio para poder destaparlo

Diálogo entre un gato y la luna reflejada en un charco

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Solo estoy a gusto en mi cabeza
y me refugio en pensamientos;
años en momentos,
acantilados, puñales, alfileres,
atardeceres, amaneceres,
sueños, pesadillas,
puertos, orillas,
pistolas en mi sien, lamiendo mi cabeza...
No lo dudes, aprieta el gatillo,
sigue el estribillo, aprieta el gatillo,
con nocturnidad y sigilo, aprieta el gatillo,
sonriendo estando en vilo, aprieta el gatillo...
Apriétalo y mátame.
Pues me matas cada vez que hablas de muerte...
¿Qué será de mi si ya no puedo verte?


Giro y giro,
caigo y caigo,
veo miles de ojos,
sonrisas falsas
ocultando cerrojos,
antojos de muerte
creyendo su suerte
acabada en un día...
respira
grita
No puedes verlo
tienes que saber
que el poder
acabó hace ya rato
pero sigo encerrado,
rodeado de muros,
estrechando mi espacio
ensimismado...
cerrando los ojos despacio
para verte sonreír falsamente,
entornar tus ojos otra vez
diciendo su nombre dulcemente,
matándome lentamente...
Caigo y giro
en espirales de odio y desesperación...
Mi oscura canción.


"Dios ama a sus hijos
Dios siempre te ayuda
Dios es ternura
Grita todo lo que quieras
porque no te escucha."

Te dedico mi tiempo

te dedico mi tiempo, aunque a veces no me hagas caso
tus rios de lagrimas desebocan en mi tacto
eres tu la que reflexionas conmigo sobre mis actos
la que me dices continua cuando ya no doy abasto
estudio de dia para de noche poder verte
envuentro tu pasion cuando abro la mente
y me jodes si te vas con otro pero vuelves
a nuestro encuentro para curar heridas del presente
es por ti por lo que sigo vivo
me encanta coo juegas con palabras sobre un ritmo
con cariño sigue nuestra relacion estable
sobre una mesa para seguir cogiendo tablas ,miro,
a mi alrededor en este mundo perdido
me epapo con tus ideas como un folio vacio
te quiero, no solo por tu intelecto
porque transformas mi frustracion en talento
mi odio en amor
y lo que mas me gusta de ti me encanta cuando lo oigo,
final feliz, con principios en mi escritorio
te amo inspiracion como tantos otros.

sábado, 19 de junio de 2010

Mascarada


La puedes ver, pero nada más,
allí está, lejos de ti,
te mira y te sonríe turbiamente,
se baja el telón carmesí.

Estás allí porque te lo pidió,
mirando las figuras danzantes,
pensando en las falsas sonrisas
de los arlequines y farsantes.

El tiempo parece reírse de ti,
fluyendo más deprisa de lo que quisieras
escapándose de tus manos cada vez más,
fluyendo, burlándose de tus quimeras.

Sonaron las campanas del silencio total
y te dejaste llevar
por las máscaras de los actores
y te pusiste a mirar.

Buscas, en su rostro
algún rastro
parece vacío de emoción
vagando en tu interior.

Grita,
solo porque tu puedes
no te acobardes
fúndete con la luz del foco
no te resistas.

¿Qué se siente al ser observado
por cosas que no comprendes?
cientos de ojos
saben que mientes.

Al mirarte al espejo dibujas tu cara,
tienes que agradar a tu público,
no busques ser el único
y pinta una sonrisa en tu rostro.


viernes, 18 de junio de 2010

Las titiriteras

Me hundo en mil pozos,

en mil sollozos

y no paro

de hundirme,

¿como resistirme

a mis propios hilos?


Solo soy carne embutida

en plato de aluminio servida,

hervida o cocida

y las hormigas me devoran.


Te invito a que veas mi cabeza

podrás ver cien acantilados por los que me tiré,

los miles de alfileres que se me clavaron,

los páramos muertos que en sueños hallé.


“Hilo a hilo, tejemos tu vida,

hilo a hilo, tu destino sin huida,

hilo a hilo, desgarramos realidades,

hilo a hilo, te acercamos al Hades”.

lunes, 14 de junio de 2010

Cartas a mi musa: Carta 1ª



Las silenciosas cascadas de la noche
cubren tu rostro y por tu cuello caen,
la oscuridad es en ti solo un reproche,
pues eres la luz que mis puertas abre.

Tus tristes pensamientos,
susurros y lamentos,
las penas que encierras dentro.....
son suspiros en el viento.

Son tus ojos dos lagunas
inundadas por la luz de la luna.
Son tus ojos constelaciones enteras
y la razón de mi eterna espera.

Cuando sonríes el tiempo se para
se detiene el mundo,
de luz se llenan los rincones
y yo, yo me quedo mudo.

Y cuando el ulular de los espíritus de la noche
tu sueño acunen en la oscuridad,
desearía en ese momento contemplarte
y colmarme de gozo al sentirte respirar.

Y volverá Orión a contemplarte
Géminis, Hydra, Ursa, el firmamento entero
a iluminarte.
Volveré a sentir el cielo al besarte
y ser tu sonrisa una razón de vivir, un estandarte.


domingo, 13 de junio de 2010

WESTWOOD

Cuando encontré el viejo diario un escalofrío me recorrió. Sentía que los años se habían congelado y retrocedido de repente. Y la nostalgia me invadió, se apoderó de mí e hizo conmigo lo que al antojo le apetecía.
Sentía que volvía al lugar en donde mis sueños habían nacido. Esa arena daba un paseo por mi mente y las buenas amigas volvían a salir del baúl.
El diario seguía en el mismo sitio donde lo había dejado. En el desván. La alianza se resbalaba del dedo, los pálpitos eran más intensos y la sonrisa se mordía el labio inferior. Los recuerdos florecían y las dudas me vestían. ¿Qué haría con ellos? No pude contenerlo. Tuve que retroceder 10 años atrás y telefonear.
Mientras esperaba, el cigarrillo de las cinco se adelantaba para las cuatro y media y los tacones pesaban. La cabeza pensaba en las páginas escritas ante el paisaje, ante las amigas peinándose, ante el vaivén de las miradas cómplices.
El momento llegaba, las podía sentir, incluso oler. Pero lo que oí fue el timbre.
-Has tardado diez años en llamarme, ¿qué evento emocionante ha surgido? ¿Te han publicado otro libro y deseas regocijarte? – Paola cuando quería, podía herir.
-No te recordaba tan sutil. Pasa y tomemos una copa.
-Prefiero esperar aquí por Lindsay.
-Como quieras. Esperaremos juntas.
Los segundos me ahogaban, era como si una soga me atase a lo alto de una montaña. Pero por fin llegó.
-No te recordaba tan alta Clarisse. ¡Ah! Son los tacones.
-Bueno, ya estamos las tres.
-¿Te vas a morir?
Lindsay fue siempre así. Sarcástica, cínica, odiaba la Navidad. Y con los años, eso no mejora, empeora.
-No, no tengo pensado morir.
Y las tres llegaron al salón. Se sentaron. Paola y Lindsay se quedaron mirando los cuadros, las estanterías cargadas de libros, el mini-bar… ¿qué había pasado con Clarisse? Se preguntaban. Hace diez años quería vivir apartada del mundo, con su novio de aquella y viajar sin parar, no quería casarse y quería escribir por ocio. Ahora era una mujer de best-seller y llevaba diamantes. El tatuaje ni se divisaba.
-Vamos Clar, ¿qué ha pasado para que decidas que debemos vernos después de diez años separadas las unas de las otras?
-Hacía diez años que nadie me llamaba Clar. Paola, Lindsay, mi padre ha muerto hace dos días. Lo sé, no tengo motivo para llamaros, a fin de cuentas qué más os dará, ha pasado mucho tiempo. Pero en un momento de debilidad subí al ático y encontré nuestro diario, sobra decir que los recuerdos me penetraron.
- Charles ha muerto. Charles ha muerto. –Se repetía una y otra vez Lindsay.- Con una tarjeta o una llamada de tu manager me hubiera bastado. ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Darte un abrazo y decirte todo irá bien? Me costó mucho imaginarme la vida sin Westwood, sin mis amigas entrelazándome los sueños. ¡No puedo hacer como si no hubiesen pasado diez años!
-¿Desde cuando te has vuelto tan frívola?- llegó a pronunciar Paola en un esbozo de incredulidad- Charles ha muerto, Linds nos ha llamado porque se acordó de nosotras. ¿Sólo se te ocurre pensar en ti misma?
Lindsay había sufrido mucho cuando Clarisse se fue y cuando Paola, detrás, pensó que no tenía sentido seguir ahí, donde el mar les había roto las esperanzas.
Solían veranear en Westwood. La arena, el sol y las rocas les había otorgado a las tres un paraíso de sueños, de ilusiones, de promesas y anhelos. Las tres se habían unido un día sin querer y decidieron que jamás se separarían. Que lucharían contra la marea alta, el fuerte oleaje y la arena mojada. Lindsay había estudiado la carrera de Arquitectura en Harvard y se había convertido en la arquitecta mejor pagada y reconocida que recuerde. Sus diseños eran impactantes, estaban cargados de emoción. Aquella niña que odiaba la Navidad y estaba enfadada con el mundo había encontrado la manera de plasmarlo en arte. Era egoísta, distante y racional pero siempre supe que dentro de ella había un sentimiento que necesitaba salir. Era como un volcán a punto de explotar y que jamás lo hacía. A veces era frustrante.
- No, también se me ocurre preguntarle cuando es el entierro.
- El entierro es pasado mañana. Será en el cementerio en donde despedimos a mi madre. A las 12 a.m.
- Clarisse, si, ha pasado mucho tiempo y para mi no eres la Clar que solía molestarme en los locos días de veranos pasados… pero sabes que si necesitas cualquier cosa… Solo tienes que llamar. Supongo.
Paola siempre fue cordial, servicial y detestablemente preciosa. Preciosa en sus “buenos días” y preciosa cuando se calzaba preciosos vestidos que realzaban su figura. Compartían la ropa, los accesorios y la vida. Pero por alguna extraña razón Paola no albergaba rencor, al menos no lo mostraba en ese momento.
Era exquisitamente honesta, espontánea e ingenua. Había enderezado su vida y ahora se dedicaba a vivir. Hizo la carrera de Publicidad y Marketing y cuando la terminó se fue a vivir a Nueva York. Era un espíritu libre.
El aire estaba cargado de humor negro, de miradas que hablaban sin pensarlo y de palabras que ni sonaban.
- Creo que mi presencia aquí empieza a sobrar. Pasado mañana estaré en el cementerio. Te daré mi pésame y me iré a Londres. A mi hogar. – Linds por el contrario era en cierto aspecto la antítesis. Le costaba abrir las compuertas de los sentimientos y cuando lo hacía esperaba no recibir dolor a cambio. Pero Clar eso no lo supo ver y cuando alguien le hace daño a una persona como Lindsay, no puede esperar cordialidad a cambio sin más.
- Es un alivio para mi saber que estaréis. Simplemente que estaréis.
Y se fueron. Habían tardado diez años en verse y no fueron capaces de dedicarse ni un triste adiós.
Se escuchó el ruído del Mercedes de Paola y del BMW de Lindsay. Acto seguido un chirrido de ruedas anunciaba algo. Clarisse estaba en la puerta, no se había movido.
Quien se dirigía era Lindsay. Corría, el pelo se alborotaba, los tacones parecían molestar y el jersey se descolocaba.
- Han pasado muchos años.
Y las dos se fundieron en un abrazo. Lindsay no soportaba la idea de perder los segundos una vez más pero tampoco estaba segura de cómo reaccionar.
- Lo sé. Jamás llamé. Me fui. Yo te odiaría si me hicieses algo así.
- Todavía te odio. Me tengo que ir. – Y se marchó. Tenía proyectos que entregar.
A veces la vida nos da un sorbo de su limonada para respirar. A veces nos arrebata todo lo que teníamos y nunca nos lo devuelve, teniendo que construir nuevas escaleras para subir a nuestros objetivos.
Porque hay comportamientos y maneras de actuar en la vida que no se entienden, son inexplicables, comportamiento nefasto, malas maneras y falta de entendimiento. Muchas veces los cambios de comportamiento, de carácter, son la consecuencia de muchísimas cosas que han pasado, muchísimas heridas que han quedado abiertas, sangrando... se han ido acumulando y que nunca se han zanjado, y no se han zanjado, no por no querer, no, sino porque no se ha tenido la capacidad para ello.
Eran tres niñas atemorizadas ante el futuro que les esperaba. Ante las nuevas perspectivas.
A fin de cuentas ¿qué podían reprochar Lindsay o Paola? Clarisse simplemente hizo algo que ellas también deseaban.
Irse. Correr. Escapar. Equivocarse.

Manos

-Y si te sobran las palabras, ¿por qué las pides? Sofía, dime, ¿por qué pides algo que no sabes si quieres? ¿Por qué quieres tanto? ¿Por qué sufres? ¿Qué es eso que te reconcome por dentro y no te deja respirar? Vamos, dímelo.
-Es que estoy en el abismo de esos malos recuerdos de un pasado demasiado presente.
-¿Por qué dejas que tu vida se resuma al dolor y a la marcha atrás? ¿Por qué no te desatas?
-No me preguntes más. No necesito oír tus palabras, ya no somos lo que éramos
-Tú y yo siempre seremos un pasado. No sé porque te empeñas en negarlo.
-Te equivocas. Hace tiempo que lo admití. Hace tiempo que me desaté de tu cuerda.
-Entonces, ¿qué es eso que está dentro de ti y no dejas salir?
-Mi historia.

Mi historia es lo único que me queda. Eso por lo que lucho día a día, por lo que me dejo las garras y parte del corazón. Mi historia no es interesante, no es trágica ni traumática. A veces parece que ni tan siquiera hay mundo en mi pasado, pero claro que lo hay…Hay un abismo. No tuve unos padres que no se preocupasen por mí sino todo lo contrario, jamás carecí de cariño alguno, rodeada de personas que se dejaban el alma por comprenderme, que no era nada fácil. Y tú, mi compañero, sabes que nunca pudo faltarme ese amor incondicional, ese calor que desprendían tus manos, pues estabas ahí. Tan solo ahí por si me caía, por si me resbalaba, por si me quedaba estática ante los cambios. No fui una chica rebelde pero siempre tenía algo que decir.
Ya ves, mi historia no es entretenida, no es interesante, no es subliminal. Pero hay algo que siempre falló, una diapositiva en mi cabeza que no hacía más que repetirse. Jamás supe conformarme con lo que la vida ponía a mi disposición. Y especifico diciendo que no fui capaz de sostenerme a tus manos, ni a ninguna mano, desprendiesen fuego o fuesen cual témpano de hielo. Me desesperé, imploré, sacrifiqué cualquier cosa a mi camino por unas manos, quejándome de la entrada y salida de las personas en mi vida, de ese vaivén de imágenes sin poder ver que era yo, que mis manos eran escurridizas. Que no me servía ni a mi misma. Noches recordándote y sufriendo por ese día cuando me separé de ti, cuando el mundo se olvidó de mí, o cuando yo me olvidé del mundo. Me quedé vacía, quizás ya estaba vacía antes de conocerte pero en cualquiera de los casos ahí empezó mi diapositiva. No quiero herirte. Conocí a personas con las que compartir calor, claro que me tropecé con ellas. Viví momentos mágicos, de eses en los que presientes que todo va bien, pero algo dentro de ti te dice que no tardarán las cosas en ir muy mal. Mi padre se murió y ni tan siquiera fue trágico. Fue doloroso, me partió en dos y no volví a ser la misma pero jamás lo supiste. Si, nunca te lo conté y es que ser tu amante nunca fue cosa sencilla. Lo llevé conmigo hasta el día en que te dije adiós y hasta ahora ha seguido pegado a mí. Quizás por ese motivo me alejé de ti. Por saber que jamás me pertenecerías. Tal vez por esa muerte fui incapaz de permanecer quieta un segundo frente a alguien. Me alejé y aquí estoy.
Como ya te he dicho antes, mi historia es tal vez la más de las aburridas historias que puedas escuchar. Alguien que no supo valorar realmente un gesto de afecto, alguien que fue fría, alguien que decidió estar sola, alejando cualquier felicidad de sus dedos ni siquiera merece ser escuchada .Todavía no alcanzo a comprender como estás aquí, ahora. Quizás porque tienes una deuda con el tiempo, o ¿es que el tiempo te ha traído a mi? Mira a tu alrededor. Estás en una de las más lujosas habitaciones en presencia de una mujer con maquillaje caro y ropa exclusiva. Y en cambio estoy vacía. Y al mismo tiempo estoy llena, llena de amor que necesito dar. Y vaya contradicción querido amigo, necesito amar y no soy capaz. Fui tan miserable como para dejarte escapar por mis idioteces de niña egocéntrica, fui tan cruel como para apartar a toda persona. Fui despiadada y ahora estoy aquí, acorralando a mi miedo y a mis ganas de huir. Que saldrán de un momento a otro y espero que no te salpiquen. Te suplico mil perdones aunque se que ahora no servirán de nada. Me marché y di por supuesto que no pelearías por mí… y me alejé cada vez más. Estuve dispuesta a olvidarte, a olvidar mi historia. Esa que tejieron algún día tus dedos y me hallo aquí escupiendo una verdad callada a gritos.
Y ahora si me permites te invito a que te marches una vez más.
-Sofía, no puedes borrar tu historia.
-Jamás la he borrado, te la acabo de escribir, con comas y acentos. Pero simplemente soy una mujer que necesita un nuevo papel. Mi historia es el pasado de mi presente y necesito un futuro. Solo te pido que te marches, que hoy seas tú el que decide que no puede estar con alguien que está a punto de llorar y que no sabe cuando parará, que quizás inunde la habitación.
-Aprenderé a nadar, Sofía. Aprenderé a nadar.

sábado, 12 de junio de 2010

DEMASIADO TARDE

Oí un ruido. Un ruido de llaves. Ya había llegado.
Entro en la sala con pesados tacones dejando su chaqueta en el olvido pero no su bolso de cuadros escoceses, y pronunciando mi nombre con un timbre de voz sereno fui en su procura.
Sus ojos expresaron profundo desanimo y sus manos frías me tocaron con ternura. Llevaba ya un tiempo sin saber de ella y todavía no me acostumbraba a la ausencia de sus desasosiegos.
Mi voz sonó temerosa. No quería saber de la presencia de la realidad. Ella era todo lo contrario; semejaba paz y seguridad y no tuve garra suficiente para desvanecer sus palabras. Con la misma mano fría que hacia unos minutos me había tocado con total tranquilidad y cariño, saco de sus cuadros escoceses unos papeles. No había vuelta atrás.

-¿Preparo café?
-No estaría mal.
-De acuerdo. Volveré enseguida.
Y fui hacia la cocina. Sabía que no podía hacer nada. Quizás solo me quedaba preparar el café. Y nada más
Volví al salón.
-Solo quiero que firmes. Te explicaría un millón de cosas pero me conoces y sabes que no seria la mejor opción, sabes como soy.-Me lo dijo como si quisiera algo más, como si esperase algo más…
-¿Dónde tengo que firmar?-Y no dije nada más. Los finales felices no existían y yo eso lo tenía muy claro.
Yo le había echo mucho daño. Durante los años vividos con ella cometí pesados errores que desaliñaron mi futuro a su vera. Mi ausencia había sido notoria desde que mi empresa triunfo. No había estado en los momentos que su pequeño y frágil ser me anhelaba, ni tuve tiempo para llorar cuando Fernando había fallecido. No estuve al lado de Beatriz para susurrarle al oído que todo iría bien. Y la línea telefónica era pésimamente grotesca. Ni siquiera intente estar ahí. Mi cabeza pensó que un ramo de flores acompañado de una tarjeta dándole mí mas sentido pésame serian suficientes para calmar tanto dolor. Y se equivoco, no me alcanzaron los segundos para debatírselo. Y el tiempo pasó.
Mi oficio abarcaba todo mi ser y s comportaba con total egoísmo y me faltaba fuerza de voluntad.
Pedro crecía. Pedro decía sus primeras silabas. Pedro gritaba y Pedro lloraba. Y yo no estaba. El no me echaba de menos pues tan apenas tenia unos años pero yo si le echaba de menos. Yo lloraba y gritaba por Pedro en las noches vacías donde no habían galas lujosas ni papeles acumulados en la mesita de noche. Y no me quejaba de día. No me quejaba de día porque pensaba que mi familia estaba bien, tenia de todo y yo me excusaba mis viajes repentinos con duración inexacta pues lo hacia por ella. O por mí. Ahora ya no lo tengo tan claro.
Y cuantas veces falle en mis palabras. Y cuantas veces le falle a mi palabra. Y no me echaba la culpa de que últimamente supiera tan poco de Beatriz. Me gustaba levantarme y oler la ausencia de Beatriz en las sabanas, oler el café recién hecho y la taza sin lavar. El secador en el lavamanos y el cajón de los zapatos revueltos. Observaba esos detalles y los guardaba. Y ya no los tenia, no se que había pasado con ellos. No se si se habían escapado porque se sentían fuera de lugar o si se habían escapado porque se sentían olvidados.
Y no vi que seguían estando y que era yo el que estaba en el olvido.

A menudo recibía llamadas telefónicas de Beatriz y oía algunos monosílabos que Pedro, temerosamente decía.
Cuando mis viajes eran mas largos de lo habitual, Beatriz le hacia una visita a mi hotel. Se desvanecía en mi cama y entonces esas noches que no estaban cargadas por trabajo, se convertían en una película donde ella y yo éramos los protagonistas.
Le quitaba el vestido poco a poco, siempre que venia, su piel calzaba un precioso vestido, y le besaba lentamente el cuerpo. Su piel era suave y olía a melocotón. Mi lengua percorrìa su endeble ser y mis manos palpaban su deseo. El deseo de sentirse abandonada en el placer. Yo apuraba ansiado el recorrido. A la mañana siguiente desayunábamos juntos y ella marchaba. Pedro la esperaba. Pero eso era cada vez menos frecuente en mi vida. Supongo que porque Beatriz se estaba dando cuenta de la realidad y yo no. La realidad de que solo pensaba en mí.
Había pasado un vuelo largo desde Nueva Cork y cuando llegue a mi casa, a unos pocos kilómetros de las ruidosas calles de Madrid, lo único que deseaba era darme un baño caliente; pero mis ganas se ahogaron.
Subí las escaleras y cruce el largo pasillo hasta la habitación de Pedro. Pero note su ausencia .Su cama estaba hecha y no había rastro de él.

-Beatriz, ¿Dónde esta Pedro?
-En casa de mamá. Pasaremos unos días ahí.
-¿Pasaremos?
-Si, Jorge. No creo que llegue a entenderlo jamás. Tus ausencias, tu trabajo, tú. No te entenderé nunca.
-Lo hago por nosotros. Por ti, por Pedro, por nuestra familia.
-No haces nada por mí, ni por Pedro. Nunca estás y yo me he cansado.

Y empezamos a discutir como quizás nunca nos había pasado. Y entre gritos y gritos nos sumergimos en una terrible pelea.

-Quería tomarme un tiempo. Quería alejarme de ti. Quería saber si seguía queriendo estar con un hombre desconocido. Creía que necesitaba tiempo para saberlo pero me temo que les he encontrado respuesta a esas preguntas. Me voy. Mañana a primera hora vendré para recoger nuestras cosas, las de Pedro y las mías. Espero que no te encuentres en ese momento. Y volveré. Volveré con el divorcio.

Y se fue. Esa mujer que hacia unos cuantos días había estado en mi hotel, en mi cama, ya no estaba, ni volvería. No volvería a tener a Beatriz entre mis brazos arropándome. Los días pasaron y n me moleste en llamarla para convencerla de que la quería. De que las cosas cambiarían. Me quede sentado en el sofá día tras día pegado al teléfono. Al teléfono para qué…Y los días seguían pasando y Beatriz no daba señales de existencia alguna.
Observaba con admiración los dibujos de Pedro y las pequeñas cartas que Beatriz me mandaba cuando estaba de viaje. Cuanto amor había en eses párrafos, cuánto amor que ya no estaba, al menos no a mi lado. Yo no estuve a su lado y ahora tenia que pagarlo, no me quedaba otro remedio.
Hace una semana estaba en el jardín. Graciosamente estaba sulfatando las patatas pero el ruido del teléfono interrumpió mi labor. Agilice el paso. Las manos me sudaban, cogì el teléfono y pulse la tecla color verde. Finalmente contesté:

-¿Diga?
-Me parece raro que te encuentre en casa. Pero bueno, da igual. Quería decirte que me gustaría que nos viéramos. ¿Te parece bien?
-Si. ¿Estáis bien? – Atine a preguntar sin parecer desesperado.
-Si, estamos bien. A las cinco y media en tu casa. Llevare los papeles.
-¿Los papeles? ¿Que papeles? – Claro que sabia de que papeles estábamos hablando… pero tenía la intención de que mi lógica estuviera del todo equivocada. También quería oír su voz tres segundos más.

-Pi, pi, pi …

Y colgó así. Sin más. Me quede de pie al lado del sofá donde tantas veces me había reído con ella y me di cuenta de que hiciese lo que hiciese jamás volvería.
Beatriz era una mujer de decisiones definitivas. Tardaba en tomar un camino pero cuando lo tomaba, pasara lo que pasara ese sendero, no miraría hacia atrás.

-Es aquí. Y aquí. Y aquí.- Y pasando hoja por hoja fui firmando allí donde ella me lo pedía.- Gracias Jorge.
-Gracias por nada. – Hubo una mirada. Un momento de pasión. Un momento sacado del pasado. Esos ojos negros, penetrantes y misteriosos que parecía que habían vivido una vida misteriosa, me había dicho algo más. Algo que no decían sus palabras, pero se fugaron. Su mirada lentamente se fue alejando de la mía y se esfumó. Recogió los papeles de la mesa del salón y le dio el último sorbo al café. Y esta vez solo se oía el susurro seguro de sus altos tacones. Había dejado las llaves en el recibidor, como hacia diez minutos. Quería dejarme claro que no volvería. Lo consiguió.

EMPIRICO-RACIONAL

Una mañana te despiertas y comienzas la rutina de todos los días, esa que pesa en los párpados, y cuando menos te lo esperas, una bofetada de esas que da la vida, te toca a ti. No quieres hacer nada, solo esperar a que el destino, el que deshizo tu lazo, lo vuelva a atar. Que te vuelva a atar a tu mundo, ese en el que estabas feliz, ese en el que sin querer, de repente, te viste colgando de un hilo.
Y tampoco entiendes muy bien el porqué, no logras hacerte con la respuesta porque simplemente no la tienes. Sólo piensas en dejarte llevar, en implorar a la lluvia que cese, que te traiga el arco iris y que te devuelva lo que te ha robado. Y entonces una nueva obsesión te atañe en el momento. ¿Qué era lo que tenías? ¿Qué era lo tuyo? ¿Qué te han robado? No sabes responder pero sabes que algo no marcha bien y deseas enmendar algo que no sabes si fue tu error, pero con ganas locas, con ganas arrolladoras deseas volver atrás. Volver al pasado porque te obsesiona demasiado, porque no sabes vivir sin tu pasado y no te enfrentas al futuro porque odias el presente. Y más que odiarlo no te conformas. No aguantas tu presente porque siempre quieres más y más y más… Y no paras de pedir. Te miras al espejo y te cuestionas una y otra vez qué es lo que eres, que es lo que piensan qué eres y qué es lo que tienes. Cuando piensas que tienes algo te vuelcas en ello, en ese asunto que tanto te preocupa. Y cuando quieres a alguien, y hablo de ese amor incondicional hacia una persona que comparta contigo para siempre los segundos, te vuelves irracional. Te vuelves empírica, como aquellos filósofos que no sabían nada, que no se fiaban de nada. Y tal cual así; no te fías de nada porque la vida te ha dado una bofetada y eso que tienes solo lo tienes cuando lo sientes a tu lado.
Te obsesionas con esa maldita lluvia que no para y te duele esa bofetada. Piensas una solución e intentas dar respuestas sin rumbo a las preguntas que nadie te contesta pero es como un laberinto, es como un rapto de tu ser, es como la angustia de quedarte en una roca en lo alto de las montañas gritando para que nadie te oiga. Porque es que simplemente no logras hallar con el camino de tu mente, con el camino en dónde tu mente y tu corazón se unan para hacer simplemente lo que les venga en gana. La angustia no para, la lluvia tampoco y ese despedazador dolor duele más. Duele como nunca porque los segundos pasan. La gente viene y va y tú te quedas inmóvil. Te quedas congelada porque no soportas los cambios, da igual el beneficio, tan solo no te gustan. Y más problemas que te buscas porque te gusta sufrir.
Logras por fin mirarte al espejo y observas que la lluvia va cesando pero no consigues que te curen las heridas, porque ese amor empírico-racional está ausente. Ni siquiera sabes si está. Tu angustia continúa y tus ganas de escapar se desatan. De repente deseas escaparte a esa roca y no gritar. Silencio. En silencio esperar. Silencio es lo que pides. Y después respuestas, dudas y buen tiempo. Pides arena suave, pides llegar a tiempo. Que el reloj no haya adelantado demasiado las agujas por si llegas tarde.
Porque simplemente sabes que te toca volver a sentir la lluvia, la bofetada, la angustia.

viernes, 11 de junio de 2010

Blitzkrieg

Entre cadenas, espinos y alambres
y cancerberos de colmillos colosales,
el vigía escondido en los umbrales
rodeado, en callejones abismales.

Esperando a que las oraciones callen,
en el olvido, los credos caen
como las bombas caen con la tarde.

Muerde el fuego sus manos,
juran contra reyes y tiranos
¿Dios no piensa aparecer?

Los niños se preguntaban porqué estrellas caían del cielo,
jugaban a coger sus luces al vuelo,
no sabían que era la muerte que los venía a llevar...

Visións II

Sento, senlleiro, embriagado, arrodeado dun exército de ollos bébedos que me fitan. Quixera saír, fuxir deste remuíño de vida, deste ar de alcol e fume que non me deixa nin respirar. Torzo o vaso, miro os xeos. Non! Tíroo ao chan e miro ao meu redor, os cristais cobren o chan. Písoos, sinto o seu crebar, coma gretas, nos meus tímpanos.

Eles, eles son a causa de todos os meus males. Eles puxaron por min. E eu, EU deixeime levar e agora vivo atormentado, fixado a esta cadeira, escoitando verbas inconexas que me estralan o corazón... Pero sei todo ha cambiar, as súas varas deixaran de me fustrigar. Non quero seguir murchando neste tugurio, deixando caer as horas sobre o meu corpo.

Si, hoxe hei de alzar o meu corpo ao ceo, camiñarei entre as nubes. Finarei se fai falla. Porque hoxe, HOXE hei de me rebelar!



jueves, 10 de junio de 2010

Visións I

"...Sur l'onde calme et noire où dorment les étoiles
La blanche Ophélia flotte comme un grand lys,
Flotte très lentement, couchée en ses longs voiles...
- On entend dans les bois lointains des hallalis..."
A. Rimbaud

Espertou, soa, na cama. Tiña os brazos estendidos e as pernas abertas. Núa. Sentía sono. Ollaba ás catro paredes da súa habitación gris. Ela pensaba nese día, todo sería distinto. Tiña ganas de saír á rúa e vivir. Sentíase plena, Ceiba, cada vez menos ancorada a ese mundo seu, inzadode penumbra.

O certo e que sufriu, por ti sobre todo. E é certo tamén que se torturou, cravouse as unllas nas fazulas e berrou. Agoniaba polos cuartos do piso, xa non podía nin respirar. Pero co tempo foi desabafando e acougou. Custoulle, pero acougou.

Deciciu erguerse. Estricouse, bocexaba. Non almorzaría, provocáballe náuseas. Tomou un pouco de chocolate. Atravesou o corredor, abriu a porta e entrou ao baño, branco. Abriu a billa da bañeira, e deixou correr a auga fría.

Realmente, sentía un peso insoportable nos ombreiros. Colleu o cepillo, o dentífrico, e cepillou os dentes. Gustáballe que a lingua lle proera, mordela. Gardou todo e meteuno na bañeira. Sentíase soia nun mar de baldosas. Camiñou descalza e meteuse na bañeira.

Volveu notar ese peso, coma un penedo. Puxaba dela. Abaixo. Mantivo o seu corpo en tensión, cada músculo, tentouno, tentou aboiar. Pero afundía e, con ela, todo seu mundo. Soa.

Mergullada, abriu os ollos, mantívoos moi abertos. Vía unhas luces moi difusas arrodeándoa. Ela decidira que aquel día sería diferente. Ela, Ofelia.

Rotten Prays



Vidrios rotos, suenan truenos.
Diferencia el demiurgo
entre malos y buenos,
sonríe y piensa algo absurdo,
ríe y juega como un niño palurdo.
Mueve sus hilos, juzga y juega,
mientras mueve, cree ser estratega.
Se pone una visera y exclama:
¿Que harán para entretenerme hoy?

Una chica quiere seguir siendo una niña.
Un chico sueña con llegar hasta las estrellas.
La chica chica llora desconsolada
y el pobre chico no puede hacer nada.

Sopla el viento en sus caras
con una bonita sonrisa pintada.
El sol enfría, solloza y grita,
su dicha ha sido borrada.
Y mientras suena un cruel requiem,
el acantilado, centinela de esta mascarada,
lucha implacable por resistir las olas
mientras miles de máscaras cubren a su amada.

Vuela en el cielo una gaviota negra
buscando en el mar una escalera
que sube y sube hasta las nubes
que un sol oscuro el azul cubre.

Escribe una pluma roja y blanca,
sangre y paz son su bandera
no son sus armas hachas o espadas,
pero si el alma verdadera.
La luz, el sol.
Algo te espera
mientras navegas ves volar
a una dama blanca como la cera.

Pulida está la madera,
la barca negra te espera,
Caronte te mira, está a tu vera.
Sonrie y te pregunta: ¿Cual es tu condena?

Espello

O outro día vin a un mozo fraco, triste, senlleiro. Paseaba cun can. Só. Vagaba polos escuros corredores desta cidade, crebada pola xeometría inerte. Pensaba, cavilaba sobre a súa vida, a rutina que lle zorregaba nas costas. Si, e canto máis o facía, máis morría. Podrecía dende dentro, queimábase. O tempo estragárao, botárao polo sumidoiro.

Somentes se deixaba levar polo can que turraba e turraba cara ao seu destino. Non tentaba paralo, Non. E o can corría, corría. E el caía, e a grava rascáballe os nocellos. Sangraba. As imaxes sucedíanse no seu cerebro, nos seus ollos, ía estourar.

Pero que parou, e cando o fixo ese home, ese home caEU.

lunes, 7 de junio de 2010

Conexiones capítulo 1: "Todo comienza con una moneda"

Espero que a todos los que se han pasado por este blog hayan disfrutado.

Aqui presento mi proyecto de mininovela. Espero que la disfruteis, comentad, etc.

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Las personas están conectadas por lazos invisibles, y ese es un hecho que no se puede negar. Tal vez esos lazos sean muy tenues, pero existen con certeza.

Esta historia es un ejemplo. Una historia trastornada. Una historia sobre una moneda.

Sí, os preguntaréis, ¿cómo puede una moneda tener historia?

Y yo responderé: la moneda no es la protagonista, pero sí la desencadenante de los sucesos que luego vendrían.

Todo comenzó un día en una pequeña tienda de golosinas de Santiago de Compostela. Tres niños compraban regalices, como haría cualquier persona de su edad. Y allí es donde le devuelven el cambio. Una moneda de dos euros y una de un euro.

Los chicos salen corriendo de la tienda, y sin darse cuenta la moneda se cae por la calle. Allí es donde comienza esta historia.

Un vagabundo recoge la moneda. Su día de suerte, dos euros que podía ahorrar gustosamente. Aquel día el vagabundo decidió cambiar su vida. Fue al estanco más cercano, que quedaba a unos pocos pasos.

Allí compró lotería. No le importaba cuál fuera, pero decidió comprarla con esa moneda. Se despidió de la amable señora que le atendió y se dirigió a su “casa”. Sí, se debe poner con comillas por una razón: son dos cartones mal colocados en un callejón.

El día terminó. El sol se ocultó y la oscuridad de la noche llenó el lugar.

Un frío seco llenó las calles. Fue una noche especialmente fría, donde los termómetros bajaron de los cinco grados.

El siguiente día comenzó. El vagabundo despertó somnoliento, bostezando como si no hubiera dormido bien en varios días. No, ésa no era la razón. Lo que de verdad esperaba era el número del ganador de la lotería, o al menos un premio más pequeño. Cualquier cosa serviría para cambiar su vida.

Pero, cuando estaba a punto de levantarse, un incidente inesperado cambió sus planes. Un perro callejero cogió el billete de sus manos, como si hubiera sido atraído por un imán.

El perro corrió, y detrás de él el vagabundo. Fue una persecución de aquellas que, si la gente la grabara, saldría en Internet como el video más visto de la semana, lo echarían en los telediarios cuando no tienen nada que informar y se convertiría en un fenómeno.

El perro acabó escapando al meterse por un espacio demasiado estrecho para el vagabundo. El billete caminó por la ciudad hasta llegar a un pequeño parque. Allí un hombre con maleta observó al perro.

“Hola, chico”, dijo el hombre trajeado, “¿de dónde has sacado eso?”

El hombre cogió el papel que llevaba el perro, lo observó durante unos pocos segundos y luego lo guardó en el bolsillo.

“Lo siento, pero no podré seguir visitándote cada día. Tengo que coger un avión.”

El hombre llegó al aeropuerto, pagó al taxista y se adentró en el edificio. Miró a su alrededor varias veces, encontró el puesto que buscaba y, tras una media hora más tarde, consiguió dejar las maletas.

El avión despegó una hora después, en destino a Moscú. El hombre disfrutaba tranquilamente de un refresco a bordo del avión mientras leía el periódico. A su derecha, al lado del pasillo, había un hombre que se encontraba tenso, muy tenso. Parecía estar sufriendo por algo, o estar nervioso por algo. Pero le ignoró. Si no lo hubiera hecho, tal vez los siguientes acontecimientos no habrían ocurrida.

Habían pasado casi todas las horas de vuelo cuando alguien decidió actuar, de alguna manera u otra. La persona que estaba al lado del hombre que recogió la lotería se levantó y se colocó en la mitad del pasillo.

“¡Todo el mundo quieto o disparo!”, gritó el hombre. “Venga, dadme todos el dinero que llevéis encima.”

Los pasajeros estaban llenos de temor, eso podía notarse en el aire. Alguien debía de hacer algo. Y ese alguien apareció rápidamente, desde el asiento trasero, apuntando silenciosamente al criminal.

En menos de dos minutos le tenía perfectamente atado y paralizado. El criminal no tenía escapatoria, y el hombre que le detuvo se presentó como agente de la INTERPOL persiguiendo a aquel hombre. Pidió a todo el mundo que se calmase y disfrutase de lo que quedaba de viaje.

Horas después, el hombre salió del avión, que le había dejado en el aeropuerto Internacional de Moscú-Domodédovo. Observó alrededor, pues alguien debía de venir a buscarle.

Sacó su móvil y comenzó a mirar las distintas páginas que tenía guardadas. En aquellas horas no había ocurrido nada especial. Le entró curiosidad. Abrió otra página y miró los números de su Euromillones.

Fue uno por uno. Sorpresa. Alegría. Era rico. ¡Era rico!

Comenzó a dar saltos de alegría mientras gritaba al mundo “¡Soy rico!”.

Pero la felicidad nunca dura demasiado tiempo. En pocos segundos dos personas le cogieron por los brazos, le pusieron un pañuelo en la boca y le llevaron al interior de un coche.

Él tan solo pudo ver cómo le llevaban sin que él pudiese resistirse.

“Hola, viejo compañero…”, habló alguien con un fuerte acento ruso. “Espero que no te hayas olvidado de lo que nos debes”

Le sacaron el pañuelo para que pudiese hablar. Observó a su interlocutor.

“Slon… ¿Sigues con vida?”

“¡No te hagas el tonto conmigo! Algo como lo que ocurrió aquella noche no podría acabar conmigo. Y ahora te toca devolverme aquel favor, amigo mío…”

viernes, 4 de junio de 2010

Derradeiras verbas

Si, o tempo desfíxome. O traballo. E ti. Os segundos as horas, alfinetes que se me cravan baixo as unllas, e non xemo, só calo. E aturo. Aturo unha carga demasiado pesada para un home feble coma min. Pero sei que hoxe hei de acougar. Quero sentir o vento, a liberdade.

Ti, ti desfixéchesme, afundiches as túas unllas nas miñas fazulas. Magóaschesme. Aínda que estás lonxe de min, segues a torturarme. Sei que irás acabando comigo, paseniño, ata que de min quede unicamente po. Non me resignarei a iso, a ser un vello encrequenado ancorado a unha muller que me chucha o sangue. NON vou a esperar á miña morte!

En fin, ao fin e ao cabo, non importo nada a ninguén. Nada. Perante a min as ondas, as rochas, o solpor. É neste momento cando sei que podo tomar as miñas decisións. SI, fareino, desfareime desta rocha que me oprime o peito. Río.

Nu. Libre, ledo. Inspiro a plenitude deste ar de salitre. Alá abaixo, a escuma. EU, eu, por Deus, EU! Rematarei coma empecei. SÓ. Mergúllome nos meus pensamentos, acordanzas. Dou un paso cara o abismo...

jueves, 3 de junio de 2010

La maldición de Van Derr Decken




Parte 1ª:Loor a la libertad

Me preguntan por mi patria
exquisitos señores;
engolados embaucadores
que me tacharon de paria.

Inquisidores quisieron averiguar
porqué prefiero navegar
a rendir culto a la tierra
y a un Dios rezar.

Os contaré queridos amigos,
que mi amada es la libertad
y aunque los borregos vayan en rebaño,
yo prefiero la soledad.

A mi patria enterré,
a Jesucristo maté,
y dejando todo atrás navegué.

¡SOY LIBRE!

Desafiaré tormentas y dioses,
navegaré sin yugos ni lores
y a mi alma seguiré.

Volando el viento me lleva,
cortando las azules cuchillas del mar,
siguiendo mi corazón, mi brújula,
a mi destino algún día llegar.



Parte 2ª: El castigo de Dios

La proa rompe las bravas olas
desafiando la cólera de Poseidón.
En el timón, a solas.
La brújula señala al corazón.

Como gaviotas enfurecidas,
el viento sopla, chilla y grita
y el mar es negro, una fosa maldita.

La velas vociferan,
Eolo sopla, continentes vuelan.

Aúllan las almas que despertó,
espectros rotos, cuentos que cantó,
arañan el casco, criaturas del fondo,
habla el infierno, surca la nave
el armagedón.

La implacable tempestad,
la indescifrable soledad,
el mar entero entró en cólera.
Navegaré estas aguas por la eternidad.


Parte 3ª (Epílogo): La carta

Surcando nubladas y tenebrosas aguas
al holandés un marinero vio llegar
A este le entregó una carta
que a su amada debía entregar.

Más cuando el marinero llegó
a tierra y preguntó
por la amada del holandés,
señalaron una tumba,
así comprendió el marinero que jamás
el capitán sabría que ella había muerto
siglos atrás.

Y así, aquellos que visitan,
cierto cementerio de Holanda, encuentran,
junto a una tumba, un epitafio que reza:



"Cuando mires al horizonte y me veas llegar,
a tus brazos me tiraré sin dudar.
Tu, la dueña de mi pensamiento.
Tu, la que mis sueños puebla...
y la razón de mi despertar.

Sé que podría morir mañana
y no podría ver tu cara nunca más en tu ventana
más no me importa porque
llegaré a ti sin más demora,
aunque tenga que el océano cruzar.
Las estrellas señalarán el camino correcto
a tus brazos, sin dudar...

Pues mi corazón a ti siempre señala
para curar tu eterno pesar.

Siempre tuyo: Van Derr Decken"







miércoles, 2 de junio de 2010

Paisaje oprimido

A menudo escucho por las calles de mi pueblo, hablar de él como si estuvieran tratando de un niño. Sí, mencionan cómo ha cambiado, cómo ha crecido, que hace diez años no era así… Y es asombroso ver cómo las constructoras han hecho de él un sitio oscuro, tenebroso y demasiado uniforme. Uniformemente urbanizado.

El pueblo en el que vivo ha cambiado mucho estos últimos años. Demasiados edificios. Un sinfín de trofeos económicos a base de sobornos y de corrupción. Se soborna y se corrompe. Se corrompe el paisaje. En mi pueblo antes se veía verde, ese verde vivo de mi despertar, de las mañanas desde mi balcón. Donde se podía visualizar una frondosa carballeira, ahora simplemente verás el adosado de mi vecino. Al bajar por las calles de mi colegio me encontraba con numerosas y pequeñas huertas a mi paso. Huertas convertidas ahora en simple pasto para supermercados. Han sido suplantadas por superficies comerciales que tan de moda están ahora. El paisaje de mi pueblo ha ido degenerándose en la imagen frívola que ofrecen las naves industriales. Por un cúmulo de edificios sin nombre.
Tan solo veo cómo se escupe asfalto entre el cemento esculpido, entre esas fantasmagóricas naves.

El humo tóxico es mi oxígeno y mi panorama es ese paisaje oprimido por la necesidad de crear dinero. Es mi pueblo, sí, pero quizás también sea el tuyo. El tuyo y el de muchos. Y es que la Naturaleza está siendo arañada en sus propias raíces. A este mundo le da igual echar cemento de por medio y dar media vuelta con tal de llenar el bolsillo. Destruimos maneras de vivir, arrancamos hierba y sobreexplotamos el horizonte. Pero claro, pertenecemos a un mundo Occidental. Somos el Primer Mundo. Y yo tengo en mi memoria aquellos vagos recuerdos de cuando mi pueblo respiraba aire puro. Cuando tan solo bastaba una mera vista para saber que albergaba vida Recuerdos que ahora son humo tóxico. ¡Qué orgullosa me siento!
 

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