jueves, 3 de junio de 2010

La maldición de Van Derr Decken




Parte 1ª:Loor a la libertad

Me preguntan por mi patria
exquisitos señores;
engolados embaucadores
que me tacharon de paria.

Inquisidores quisieron averiguar
porqué prefiero navegar
a rendir culto a la tierra
y a un Dios rezar.

Os contaré queridos amigos,
que mi amada es la libertad
y aunque los borregos vayan en rebaño,
yo prefiero la soledad.

A mi patria enterré,
a Jesucristo maté,
y dejando todo atrás navegué.

¡SOY LIBRE!

Desafiaré tormentas y dioses,
navegaré sin yugos ni lores
y a mi alma seguiré.

Volando el viento me lleva,
cortando las azules cuchillas del mar,
siguiendo mi corazón, mi brújula,
a mi destino algún día llegar.



Parte 2ª: El castigo de Dios

La proa rompe las bravas olas
desafiando la cólera de Poseidón.
En el timón, a solas.
La brújula señala al corazón.

Como gaviotas enfurecidas,
el viento sopla, chilla y grita
y el mar es negro, una fosa maldita.

La velas vociferan,
Eolo sopla, continentes vuelan.

Aúllan las almas que despertó,
espectros rotos, cuentos que cantó,
arañan el casco, criaturas del fondo,
habla el infierno, surca la nave
el armagedón.

La implacable tempestad,
la indescifrable soledad,
el mar entero entró en cólera.
Navegaré estas aguas por la eternidad.


Parte 3ª (Epílogo): La carta

Surcando nubladas y tenebrosas aguas
al holandés un marinero vio llegar
A este le entregó una carta
que a su amada debía entregar.

Más cuando el marinero llegó
a tierra y preguntó
por la amada del holandés,
señalaron una tumba,
así comprendió el marinero que jamás
el capitán sabría que ella había muerto
siglos atrás.

Y así, aquellos que visitan,
cierto cementerio de Holanda, encuentran,
junto a una tumba, un epitafio que reza:



"Cuando mires al horizonte y me veas llegar,
a tus brazos me tiraré sin dudar.
Tu, la dueña de mi pensamiento.
Tu, la que mis sueños puebla...
y la razón de mi despertar.

Sé que podría morir mañana
y no podría ver tu cara nunca más en tu ventana
más no me importa porque
llegaré a ti sin más demora,
aunque tenga que el océano cruzar.
Las estrellas señalarán el camino correcto
a tus brazos, sin dudar...

Pues mi corazón a ti siempre señala
para curar tu eterno pesar.

Siempre tuyo: Van Derr Decken"







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