Diferencia el demiurgo
entre malos y buenos,
sonríe y piensa algo absurdo,
ríe y juega como un niño palurdo.
Mueve sus hilos, juzga y juega,
mientras mueve, cree ser estratega.
Se pone una visera y exclama:
¿Que harán para entretenerme hoy?
Una chica quiere seguir siendo una niña.
Un chico sueña con llegar hasta las estrellas.
La chica chica llora desconsolada
y el pobre chico no puede hacer nada.
Sopla el viento en sus caras
con una bonita sonrisa pintada.
El sol enfría, solloza y grita,
su dicha ha sido borrada.
Y mientras suena un cruel requiem,
el acantilado, centinela de esta mascarada,
lucha implacable por resistir las olas
mientras miles de máscaras cubren a su amada.
Vuela en el cielo una gaviota negra
buscando en el mar una escalera
que sube y sube hasta las nubes
que un sol oscuro el azul cubre.
Escribe una pluma roja y blanca,
sangre y paz son su bandera
no son sus armas hachas o espadas,
pero si el alma verdadera.
La luz, el sol.
Algo te espera
mientras navegas ves volar
a una dama blanca como la cera.
Pulida está la madera,
la barca negra te espera,
Caronte te mira, está a tu vera.
Sonrie y te pregunta: ¿Cual es tu condena?
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