lunes, 7 de junio de 2010

Conexiones capítulo 1: "Todo comienza con una moneda"

Espero que a todos los que se han pasado por este blog hayan disfrutado.

Aqui presento mi proyecto de mininovela. Espero que la disfruteis, comentad, etc.

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Las personas están conectadas por lazos invisibles, y ese es un hecho que no se puede negar. Tal vez esos lazos sean muy tenues, pero existen con certeza.

Esta historia es un ejemplo. Una historia trastornada. Una historia sobre una moneda.

Sí, os preguntaréis, ¿cómo puede una moneda tener historia?

Y yo responderé: la moneda no es la protagonista, pero sí la desencadenante de los sucesos que luego vendrían.

Todo comenzó un día en una pequeña tienda de golosinas de Santiago de Compostela. Tres niños compraban regalices, como haría cualquier persona de su edad. Y allí es donde le devuelven el cambio. Una moneda de dos euros y una de un euro.

Los chicos salen corriendo de la tienda, y sin darse cuenta la moneda se cae por la calle. Allí es donde comienza esta historia.

Un vagabundo recoge la moneda. Su día de suerte, dos euros que podía ahorrar gustosamente. Aquel día el vagabundo decidió cambiar su vida. Fue al estanco más cercano, que quedaba a unos pocos pasos.

Allí compró lotería. No le importaba cuál fuera, pero decidió comprarla con esa moneda. Se despidió de la amable señora que le atendió y se dirigió a su “casa”. Sí, se debe poner con comillas por una razón: son dos cartones mal colocados en un callejón.

El día terminó. El sol se ocultó y la oscuridad de la noche llenó el lugar.

Un frío seco llenó las calles. Fue una noche especialmente fría, donde los termómetros bajaron de los cinco grados.

El siguiente día comenzó. El vagabundo despertó somnoliento, bostezando como si no hubiera dormido bien en varios días. No, ésa no era la razón. Lo que de verdad esperaba era el número del ganador de la lotería, o al menos un premio más pequeño. Cualquier cosa serviría para cambiar su vida.

Pero, cuando estaba a punto de levantarse, un incidente inesperado cambió sus planes. Un perro callejero cogió el billete de sus manos, como si hubiera sido atraído por un imán.

El perro corrió, y detrás de él el vagabundo. Fue una persecución de aquellas que, si la gente la grabara, saldría en Internet como el video más visto de la semana, lo echarían en los telediarios cuando no tienen nada que informar y se convertiría en un fenómeno.

El perro acabó escapando al meterse por un espacio demasiado estrecho para el vagabundo. El billete caminó por la ciudad hasta llegar a un pequeño parque. Allí un hombre con maleta observó al perro.

“Hola, chico”, dijo el hombre trajeado, “¿de dónde has sacado eso?”

El hombre cogió el papel que llevaba el perro, lo observó durante unos pocos segundos y luego lo guardó en el bolsillo.

“Lo siento, pero no podré seguir visitándote cada día. Tengo que coger un avión.”

El hombre llegó al aeropuerto, pagó al taxista y se adentró en el edificio. Miró a su alrededor varias veces, encontró el puesto que buscaba y, tras una media hora más tarde, consiguió dejar las maletas.

El avión despegó una hora después, en destino a Moscú. El hombre disfrutaba tranquilamente de un refresco a bordo del avión mientras leía el periódico. A su derecha, al lado del pasillo, había un hombre que se encontraba tenso, muy tenso. Parecía estar sufriendo por algo, o estar nervioso por algo. Pero le ignoró. Si no lo hubiera hecho, tal vez los siguientes acontecimientos no habrían ocurrida.

Habían pasado casi todas las horas de vuelo cuando alguien decidió actuar, de alguna manera u otra. La persona que estaba al lado del hombre que recogió la lotería se levantó y se colocó en la mitad del pasillo.

“¡Todo el mundo quieto o disparo!”, gritó el hombre. “Venga, dadme todos el dinero que llevéis encima.”

Los pasajeros estaban llenos de temor, eso podía notarse en el aire. Alguien debía de hacer algo. Y ese alguien apareció rápidamente, desde el asiento trasero, apuntando silenciosamente al criminal.

En menos de dos minutos le tenía perfectamente atado y paralizado. El criminal no tenía escapatoria, y el hombre que le detuvo se presentó como agente de la INTERPOL persiguiendo a aquel hombre. Pidió a todo el mundo que se calmase y disfrutase de lo que quedaba de viaje.

Horas después, el hombre salió del avión, que le había dejado en el aeropuerto Internacional de Moscú-Domodédovo. Observó alrededor, pues alguien debía de venir a buscarle.

Sacó su móvil y comenzó a mirar las distintas páginas que tenía guardadas. En aquellas horas no había ocurrido nada especial. Le entró curiosidad. Abrió otra página y miró los números de su Euromillones.

Fue uno por uno. Sorpresa. Alegría. Era rico. ¡Era rico!

Comenzó a dar saltos de alegría mientras gritaba al mundo “¡Soy rico!”.

Pero la felicidad nunca dura demasiado tiempo. En pocos segundos dos personas le cogieron por los brazos, le pusieron un pañuelo en la boca y le llevaron al interior de un coche.

Él tan solo pudo ver cómo le llevaban sin que él pudiese resistirse.

“Hola, viejo compañero…”, habló alguien con un fuerte acento ruso. “Espero que no te hayas olvidado de lo que nos debes”

Le sacaron el pañuelo para que pudiese hablar. Observó a su interlocutor.

“Slon… ¿Sigues con vida?”

“¡No te hagas el tonto conmigo! Algo como lo que ocurrió aquella noche no podría acabar conmigo. Y ahora te toca devolverme aquel favor, amigo mío…”

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