-Y si te sobran las palabras, ¿por qué las pides? Sofía, dime, ¿por qué pides algo que no sabes si quieres? ¿Por qué quieres tanto? ¿Por qué sufres? ¿Qué es eso que te reconcome por dentro y no te deja respirar? Vamos, dímelo.
-Es que estoy en el abismo de esos malos recuerdos de un pasado demasiado presente.
-¿Por qué dejas que tu vida se resuma al dolor y a la marcha atrás? ¿Por qué no te desatas?
-No me preguntes más. No necesito oír tus palabras, ya no somos lo que éramos
-Tú y yo siempre seremos un pasado. No sé porque te empeñas en negarlo.
-Te equivocas. Hace tiempo que lo admití. Hace tiempo que me desaté de tu cuerda.
-Entonces, ¿qué es eso que está dentro de ti y no dejas salir?
-Mi historia.
Mi historia es lo único que me queda. Eso por lo que lucho día a día, por lo que me dejo las garras y parte del corazón. Mi historia no es interesante, no es trágica ni traumática. A veces parece que ni tan siquiera hay mundo en mi pasado, pero claro que lo hay…Hay un abismo. No tuve unos padres que no se preocupasen por mí sino todo lo contrario, jamás carecí de cariño alguno, rodeada de personas que se dejaban el alma por comprenderme, que no era nada fácil. Y tú, mi compañero, sabes que nunca pudo faltarme ese amor incondicional, ese calor que desprendían tus manos, pues estabas ahí. Tan solo ahí por si me caía, por si me resbalaba, por si me quedaba estática ante los cambios. No fui una chica rebelde pero siempre tenía algo que decir.
Ya ves, mi historia no es entretenida, no es interesante, no es subliminal. Pero hay algo que siempre falló, una diapositiva en mi cabeza que no hacía más que repetirse. Jamás supe conformarme con lo que la vida ponía a mi disposición. Y especifico diciendo que no fui capaz de sostenerme a tus manos, ni a ninguna mano, desprendiesen fuego o fuesen cual témpano de hielo. Me desesperé, imploré, sacrifiqué cualquier cosa a mi camino por unas manos, quejándome de la entrada y salida de las personas en mi vida, de ese vaivén de imágenes sin poder ver que era yo, que mis manos eran escurridizas. Que no me servía ni a mi misma. Noches recordándote y sufriendo por ese día cuando me separé de ti, cuando el mundo se olvidó de mí, o cuando yo me olvidé del mundo. Me quedé vacía, quizás ya estaba vacía antes de conocerte pero en cualquiera de los casos ahí empezó mi diapositiva. No quiero herirte. Conocí a personas con las que compartir calor, claro que me tropecé con ellas. Viví momentos mágicos, de eses en los que presientes que todo va bien, pero algo dentro de ti te dice que no tardarán las cosas en ir muy mal. Mi padre se murió y ni tan siquiera fue trágico. Fue doloroso, me partió en dos y no volví a ser la misma pero jamás lo supiste. Si, nunca te lo conté y es que ser tu amante nunca fue cosa sencilla. Lo llevé conmigo hasta el día en que te dije adiós y hasta ahora ha seguido pegado a mí. Quizás por ese motivo me alejé de ti. Por saber que jamás me pertenecerías. Tal vez por esa muerte fui incapaz de permanecer quieta un segundo frente a alguien. Me alejé y aquí estoy.
Como ya te he dicho antes, mi historia es tal vez la más de las aburridas historias que puedas escuchar. Alguien que no supo valorar realmente un gesto de afecto, alguien que fue fría, alguien que decidió estar sola, alejando cualquier felicidad de sus dedos ni siquiera merece ser escuchada .Todavía no alcanzo a comprender como estás aquí, ahora. Quizás porque tienes una deuda con el tiempo, o ¿es que el tiempo te ha traído a mi? Mira a tu alrededor. Estás en una de las más lujosas habitaciones en presencia de una mujer con maquillaje caro y ropa exclusiva. Y en cambio estoy vacía. Y al mismo tiempo estoy llena, llena de amor que necesito dar. Y vaya contradicción querido amigo, necesito amar y no soy capaz. Fui tan miserable como para dejarte escapar por mis idioteces de niña egocéntrica, fui tan cruel como para apartar a toda persona. Fui despiadada y ahora estoy aquí, acorralando a mi miedo y a mis ganas de huir. Que saldrán de un momento a otro y espero que no te salpiquen. Te suplico mil perdones aunque se que ahora no servirán de nada. Me marché y di por supuesto que no pelearías por mí… y me alejé cada vez más. Estuve dispuesta a olvidarte, a olvidar mi historia. Esa que tejieron algún día tus dedos y me hallo aquí escupiendo una verdad callada a gritos.
Y ahora si me permites te invito a que te marches una vez más.
-Sofía, no puedes borrar tu historia.
-Jamás la he borrado, te la acabo de escribir, con comas y acentos. Pero simplemente soy una mujer que necesita un nuevo papel. Mi historia es el pasado de mi presente y necesito un futuro. Solo te pido que te marches, que hoy seas tú el que decide que no puede estar con alguien que está a punto de llorar y que no sabe cuando parará, que quizás inunde la habitación.
-Aprenderé a nadar, Sofía. Aprenderé a nadar.
0 comentarios:
Publicar un comentario